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WandaVision: ¿De lo mejor de Marvel?

Alejandro Ohtokani

Un romántico-crítico de la vida. Fanboy de Bergman y Walter Mercado.

5 marzo, 2021
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Escrito por: Alejandro Ohtokani
Tras el final de WandaVision, ¿podemos decir que se trata de una de las mejores producciones de Marvel?

Desde hace algunos años mi relación con el Universo Cinematográfico de Marvel es complicada, recuerdo aficionarme a sus películas desde joven y hasta cierto punto la arquetípica narrativa del villano contra héroe estaba bien. Pero conforme fui creciendo deseaba más, no tanto en la complejidad de las estructuras en el relato, sino en lo referente a la exploración de la psique que conforma a sus protagonistas.

Pues mi empatía hacía los mismos/as era mínima ante personajes que concentrados en la vivencia que simbolizan los grandes relatos, no conectaban con mis preocupaciones cercanas y mundanas. En la actualidad, esto me continua pareciendo uno de los grandes aciertos en Spiderman a cargo de Sam Raimi, quien situó al arácnido en un contexto con que el que muchas personas pueden sentirse identificadas -obviamente fuera de todo lo ficcional que emerge de los superpoderes-: los conflictos amorosos, laborales y familiares.

WandaVision

Y una de mis películas favoritas del UCM se acercó a esto último: Iron Man 3, pues además que Shane Blake implementó su estilo burlesco hacía la violencia, quitándole el coolness que en la mayoría de ocasiones define a las películas de acción, el guión coescrito por el mismo director junto a Drew Pearce, se trata de uno de los mejores arcos de personaje en la franquicia. 

Con esto último me refiero específicamente a una característica: la evolución que experimenta Tony Stark, primero fundamentando su conflicto en algo con lo que podemos sentirnos identificados: la ansiedad -la novena enfermedad más común entre adolescentes según la OMS-. 

Dicho padecimiento es en resumen el miedo que nos evocan ciertas situaciones e ideas, y es interesante ver a un personaje que hasta entonces le definía la excesiva confianza en si mismo y dudar sobre su valía para proteger a sus seres queridos/as frente a una posible amenaza del exterior. 

Predicamentos que el villano de la cinta engrandecería, al despojarlo de todos aquellos elementos que el pensaba le protegerían. Situación que le transporta por un camino en el cual entendió que todos sus artilugios no eran más que una respuesta equivocada razonada a través del miedo, transformándose hacía una mejor versión de si mismo como persona y superhéroe. 

Lamentablemente, esta interpretación no era redituable para la trama de la secuela de los Vengadores y mucho menos para Civil War, razón por la cual decidieron ignorar lo sucedido en esta tercera entrega. Eso me decepcionó bastante, pues pareciera que todos los individuos/as de este universo se mantienen inmóviles a nivel emocional y siempre listos para hacer frente a la siguiente epopeya. 

Sin embargo, la más reciente producción del UCM para su plataforma de streaming Disney Plus+: WandaVision, me demostraría lo contrario. 

WandaVision

El duelo como esencia narrativa

La historia sobre la que suscita en el show es una especie de mescolanza entre los sucesos de Vengadores desunidos y La Visión: novelas gráficas escritas por Brian Michael Bendis / David Finch, y Tom King, Gabriel Hernandez y Michael Walsh respectivamente. 

En la superficie, el relato creado por Jac Schaeffer y dirigido por Matt Shakman, se centra en el personaje de Wanda Maximoff (Elizabeth Olsen) y Vision (Paul Bettany),  quienes se encuentran viviendo felizmente casados en la ciudad de Westview. Sin embargo, debido a fuerzas externas pronto esta realidad será desvelada como lo que es: una mentira. 

Y es precisamente esto último es lo que me encanta de la serie: todo la historia funge  como metáfora para expresar la problemática del duelo, esto según la psicología, es el proceso que las personas experimentan cuando intentan adaptarse a una nueva realidad posterior a un perdida emocional en la vida. 

La psiquiatra suizo-estadounidense Elisabeth Kübler-Ross, desarrolló una teoría en la que divide este proceso en 5 etapas: negación, ira, negociación, depresión y aceptación, las cuales no siguen un patrón lineal, ni forzosamente se cumplen todas, pero si tienen un mismo fin.

A mi parecer, la gran virtud del show reside en como tanto a nivel de guión como audiovisual, logran transportar estos sentimientos a un relato digerible, donde el formato sitcom no es sólo una fachada para homenajear programas como Malcolm el de en medio, Modern Family o The Office, sino una extensión narrativa que contextualiza la evasión de dolor experimentada por Wanda.

WandaVision

Como pequeño paréntesis, el trabajo de producción es impecable gracias a sus detalles: desde el diseño de los sets a cargo de Mark Worthington, el vestuario de la mexicana Mayes C. Rubeo, hasta el formato elegido para fotografía de Jess Hall, quienes logran ambientar las diversas épocas que comprenden la obra en cuestión: desde los años 50’s hasta la actualidad. 

Lo mismo sucede con las interpretaciones brindadas por Elizabeth Olsen y Paul Bettany, a quienes la serie les exige un amplio rango actoral, en el cual son capaces de trasladarse con soltura de la comedia al drama y viceversa. 

Además que a través de los comerciales, se realizan divertidos comentarios metaficcionales, que van desde ridiculizar el machismo en la primera mitad del siglo XX, hasta obrar en el sentido metafórico sobre el proceso que se encuentra viviendo su protagonista: quien opta por el camino de la mentira para refugiarse en un mundo donde no exista posibilidad de ser lastimada, lo cual resultará contraproducente tarde o temprano.

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Tu corazón va a sanar

Volviendo al eje temático de la serie, ambos antagonistas: tanto Agatha Harkness (Katharyn Hahn) como el director Tyler Hayward, confrontan la burbuja de Wanda,  a quien irremediablemente veremos atravesar las diversas etapas que comprenden el duelo.

Paulatinamente observamos a la protagonista ser autoconsciente de los traumas experimentados,  los ciclos no cerrados y la evolución de un sitcom a la realidad. 

Aunque debo confesar que el tratamiento de dicha problemática me parece más sólido durante la primera parte de la obra, donde el relato se desarrolla en lo íntimo y simbólico, lugar común en que se desenvuelven este tipo de conflictos, llegando a un punto clímax en los episodios 5 y 6, mismos en que la narrativa adquiere tonalidades de thriller psicológico. 

En este sentido el desenlace del programa me parece sólido, aunque su formato ha adquirido las características propias de la espectacularidad que supone la acción, el conflicto principal se mantiene en lo individual: Wanda acepta el dolor que supone la perdida de sus seres queridos a lo largo de la vida, desde la muerte de sus padres hasta su pareja sentimental. 

Sobre este último, no sólo se despide de manera literal, sino también metafórica. La protagonista interpretada por Elizabeth Olsen, entiende que no se puede evitar la angustia que suponen estos procesos, abraza las cicatrices emocionales que la acompañarán el resto de su vida, deja ir y cierra ciclos. 

WandaVision

Por esto WandaVision me parece una de las producciones más destacables en el UCM, con uno de los mejores arcos de personaje, por lo cual muchas de las personas espectadoras podemos empatizar, ya que entendemos lo difícil del proceso que se encuentra experimentado y lo que supone salir del mismo.

Ver el retrato en la masividad que representa Marvel, de una problemática tan común a la que nos enfrentamos en la cotidianidad, me emociona, pues es la excusa perfecta para hablar sobre estas problemáticas patológicas tan importantes, y eliminar el aura de tabú que compone a la salud mental. 

Sin embargo, me preocupa lo sucedido en la segunda escena post créditos, pues se percibe como una imposición del medio al mensaje, en donde así como sucedió con Iron Man, toda la maduración emocional experimentada por su personaje, puede ser desechada para justificar el siguiente gran evento en que participen los Vengadores. Pero ojalá me equivoque. 

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Un romántico-crítico de la vida. Fanboy de Bergman y Walter Mercado.

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